Desde mi trabajo de campo, recorriendo tribunales, escuchando testimonios y entrevistando durante años a víctimas de falsas denuncias y víctimas colaterales de ese infierno abuelos separados de sus nietos, tíos borrados de la vida familiar, hijos obligado
Desde mi trabajo de campo, recorriendo tribunales, escuchando testimonios y entrevistando durante años a víctimas de falsas denuncias y víctimas colaterales de ese infierno abuelos separados de sus nietos, tíos borrados de la vida familiar, hijos obligados a crecer lejos de uno de sus padres hay una frase que se repite con una crudeza devastadora: “No hay nada peor que ser acusado de algo que no hiciste”. Y detrás de cada una de esas historias aparece siempre el mismo mecanismo. El mismo circuito. El mismo carancheo judicial. Abogados caranchos, psicólogas caranchas y operadores enquistados en un sistema que convirtió el dolor humano en una industria millonaria. Se va a caer. Se va a caer el gran negociado del siglo. Porque ya no pueden ocultar más la maquinaria que durante años destruyó vidas enteras mientras algunos se llenaban los bolsillos.