Emma tiene apenas 8 años, pero ya atravesó una batalla que a muchos adultos les resultaría imposible. Cada noche canta mientras su mamá le aplica una inyección de hormona de crecimiento para distraerse del dolor. Fue diagnosticada con déficit de crecimiento severo e insuficiencia de cortisol, dos patologías que requieren controles permanentes, estudios frecuentes y un tratamiento que podría extenderse hasta la adolescencia.
La historia de la pequeña se conoció a través de una entrevista de su madre, Daiana Costas, quien relató el largo camino hasta llegar al diagnóstico. Aunque Emma nació sana, a partir de los tres años comenzaron a notar que no crecía al ritmo esperado: seguía usando la misma ropa y el mismo talle de zapatillas durante años, comía muy poco y pasaba gran parte del día durmiendo.
Tras una internación por una meningitis bacteriana en La Plata, los médicos detectaron que su curva de crecimiento estaba detenida desde los dos años. Luego de múltiples estudios hormonales y una resonancia, en 2024 recibió el diagnóstico definitivo y comenzó el tratamiento con somatropina, una hormona que debe aplicarse todos los días.
“Mientras la inyecto, ella canta para no sentir el dolor”, contó Daiana. La niña ya lleva más de 560 dosis y necesita además controles con endocrinología, nutrición y un complejo tratamiento odontológico por problemas en el desarrollo de la mandíbula.
Pero detrás de la lucha médica hay otra pelea igual de difícil: la económica. Daiana está sin trabajo desde noviembre y actualmente busca un empleo estable en la ciudad de La Plata. Para poder sostener la medicación de Emma, vendió el auto familiar y agotó los ahorros que tenía destinados al tratamiento.
“Lo que más necesito hoy es un trabajo estable, con obra social, para poder garantizarle a Emma la continuidad del tratamiento”, expresó. La falta de ingresos también obligó a suspender actividades indicadas por los especialistas, como natación y ejercicios de elasticidad.
A pesar de todo, Emma no pierde la alegría. Le encanta dibujar, estudiar inglés y sueña con ser modelo y médica cuando sea grande. Sin embargo, hay un deseo que repite con una mezcla de ternura y admiración: conocer a Lionel Messi.
“Quiero preguntarle si le dolía cuando lo pinchaban y quién le daba la hormona, si la mamá o el papá”, dice la niña, que siente una conexión especial con el capitán argentino porque ambos atravesaron un déficit de crecimiento durante la infancia.
Hoy la familia recibe ayuda solidaria de vecinos y personas que conocieron la historia de Emma. Mientras continúan los reclamos judiciales por la cobertura médica, Daiana insiste en que su prioridad no es una colecta permanente, sino conseguir trabajo en La Plata para salir adelante con su propio esfuerzo y asegurar que su hija pueda completar un tratamiento que puede durar hasta los 16 años.
“Emma es mi campeona de la vida”, resume su mamá. Y cada noche, entre canciones, dibujos y una nueva inyección, la pequeña sigue demostrando que crecer también puede ser un acto de valentía.
Cómo colaborar con Emma:
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